“Valentina Dubois y la piedra de Orión”, de Salomón Sollirt: ecocrítica y narración apasionante
Salomón Sollirt es el seudónimo que utiliza desde sus inicios literarios el docente universitario Juan José Trillos.
Por Adalberto Bolaño Sandoval
La literatura infantil y juvenil colombiana se encuentra en un relevante pico, no solo a nivel de escritura sino a nivel gráfico. Son muchas las publicaciones que combinan ambos lenguajes, poniendo en escena novelas, cuentos, biografías de autores reconocidos o poco, historias originales, guiones adaptados y otros. En la Costa caribe colombiana ha contado con gran acogida los libros de esas categorías, para solo mencionar dos de sus autores: Nora Carbonell y Gustavo Tatis Guerra, ambos poetas, también.
La primera autora, también una gran poetisa, cuenta con los siguientes libros de literatura infantil y juvenil: “Armando Líos en el arcoíris”, “Lluvia María y el ladrón de sonidos”, “Aventuras de una cometa”, “Cuentos de viajes y aventuras” “Lino y la viajera”, “La Z en el país de los números enteros”, “Las narraciones de sirena”, “Nani Chocolate y Paco Cuatrojos”, “Caramba en la montaña del tigre”, “Margarita no era una flor” y “Sankac el adivino”.
Por su parte, Tatis Guerra ha elaborado los siguientes textos infantiles: “Alejandro vino a salvar los peces”, “El soñador de tesoros”, “No le cuentes a nadie que hemos encontrado un velero”, “El abuelo Toto se fue con los ángeles”, “La iguana tiene sed”, “Michelín no es una gata cualquiera”, así como juveniles: “Dejen entrar a Wilson”.

Muchos de estos autores colombianos han contado sus historias desde fuera o dentro de nuestras fronteras geográfica o desde fuera. Salomón Sollirt es uno de ellos. Él es reconocido por la publicación de la siguiente serie de libros infantiles que suceden en Escocia: “El plato Samuel y el hechizo del Maligno”, “El plato Samuel y el reino del dragón dorado” y “El plato Samuel y la cabeza encantada”, los cuales han tenido excelente acogida en los medios escolares. Y esperemos que ahora suceda igual, a raíz de su último libro de literatura juvenil: “Valentina Dubois y la piedra de Orión”, que sucede en Barranquilla.
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Salomón Sollirt es el seudónimo que utiliza desde sus inicios literarios el docente universitario Juan José Trillos, quien editó en sus comienzos, cuando cumplía su treintena, dos cuentarios, “Tanatopraxia de un disfraz” y “Congreso de muñecos mentirosos”, que, a la luz de la distancia, pudieran pensarse como ejercicios de estilo, y que, ahora revisados y publicados por su propia editorial, Caimán Editores, y cambiados de título, se denominan “Un escritor de mentiras y otros cuentos” y “El ave espectral”, despliegan un mejor aire fresco y mayor probidad literaria. Desde esta misma editorial, Trillos ha publicado muchos textos de literatura infantil, a través de varios escritores noveles, impulsándolos no solo a ellos, sino abriendo fronteras para la lectura de niños, ávidos de novedades, y de lectores académicos. Desde esta función, se ha convertido en un difusor cultural, llevando esos textos a muchas instituciones del Caribe colombiano. También ha escrito varios libros y artículos académicos de mucha importancia en el campo de la comunicación.
“Valentina Dubois y la piedra de Orión” y su mirada ecocrítica
En los tiempos que corren, las literaturas infantil y juvenil tienen objetivos concretos: no solo tratan de divertir, entretener, recrear o fomentar, sino de sentar bases reflexivas para transfundir entre los estudiantes cosmovisiones nuevas, críticas y ponerlos frente a los problemas actuales, buscando transformar muchas perspectivas angostas que todavía hace 20 años muchos profesores desactualizados llamaban el “mensaje”. A este respecto, “Valentina Dubois y la piedra de Orión” busca plantear una mirada ecocrítica a las acciones de esta protagonista, estudiante del Colegio Nuestra Señora de la Esperanza, quien se caracteriza por su interés por la naturaleza y su defensa a ultranza de esta. Lo que sabremos más adelante, es que ella es la “heredera destinada” a salvar el medio ambiente de la tierra. Un paréntesis: recordemos, de manera literal, lo que indica Cheryl Glotfelty sobre este término de ecocrítica: “es el estudio de la relación entre la literatura y el medio ambiente físico [tomando] como objeto de estudio las interconexiones entre la naturaleza, en especial los artefactos culturales de la lengua y la literatura. Como postura crítica, tiene un pie en la literatura y otro en la tierra. Como discurso crítico, negocia entre lo humano y lo no-humano”.
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Y, en este sentido, Glotfelty amplía que su espectro incluye tópicos como “la frontera, los animales, las ciudades, las regiones geográficas específicas, los ríos, las montañas, los desiertos, los indios, la tecnología, la basura y el cuerpo, entre otros temas”. Desde este punto de vista, la ecocrítica representa un llamado a la comprensión, la relevancia de los ecosistemas y la ecología, pero también, de muchas maneras, se realiza un llamado a cómo funcionan los sistemas éticos y morales del ser humano frente a su entorno.

Cuando leemos lo anterior, podríamos reemplazar mucho de esos términos con la historia de Valentina: ella es una chica que tiene preocupaciones medioambientalistas y que las solidifica aún más en el Colegio Nuestra Señora de la Esperanza, donde se encuentra una reserva de animales y riquezas en los sistemas biológicos, pues en ese espacio se encuentra uno de los mejores ecosistemas del país, cedido por su abuelo Marc Dubois hace algún tiempo. Aún más: ella ha venido descubriendo que cuenta con poderes para comunicarse con los animales, lo que va a contribuir a agililizar una trama que genera una “tormenta perfecta” de situaciones que revelan las contradicciones entre los personajes, ya sea en contra o a favor. En contra, porque, como los tres libros anteriores de Salomón Sollirt sobre el Plato Samuel, se muestran los contradictores en estos relatos: esta vez, contra el espíritu ecocrítico, ambientalista, de Valentina y su prima Julieta, Sofía y Camila encarnan la envidia, celos y, con ello, los cuestionamientos contradictorios contra estas dos chicas familiares, a lo cual se agrega la codicia de sus progenitores. Y, como sucede en los tres libros mencionados, en ellos se encuentran personajes que luchan por el bien colectivo, mientras, por el contrario, existen aquellos que buscan solo cumplir sus propias ambiciones, su poder financiero y social.
Valentina es una adolescente de 15 años, con poderes, que todavía los desconoce, y que, al momento de iniciar la historia, solo ha advertido su facultad para comunicarse con los animales, pero que, a medida que pasan los días y pocos meses, van encontrándolos o descubriéndolos, casi de manera intempestiva, en la medida en que las circunstancias la apremian. Ella es hija de un antropólogo, William, y nieta de un ciudadano francés, también antropólogo y filántropo venido a Colombia a comienzos del siglo XX, y quien donó un terreno importante para ese colegio, bajo el protocolo de cuidar sus paisajes y animales. Sofía y Camila son hijas de inversores de empresas e inmobiliarias, muy interesados en comprar los terrenos del colegio, poco después de saber que esas tierras eran reservas de relevancia para construir edificaciones funcionales y desarrollar mucho más sus riquezas. Moral y ética allí no entran a discutir. O sí, pero al revés.
En el salón de clases Valentina y su prima Julieta muestran su relevancia académica y gusto y protección por la naturaleza, mientras Sofía y Camila quieren llegar a los primeros lugares, pero las dos primas se muestran superiores, no solo por sus calidades intelectuales, sino por poseer el don de comunicarse y defender el hábitat. Ello generará enfrentamientos constantes entre estas cuatro estudiantes, mientras algunas otras se unen de parte y parte. La intriga de esta novela juvenil se desarrolla especialmente cuando Valentina habla con algunos animales en el colegio, por lo que la denominan “bruja”, y más tarde, en la laguna del colegio, cabalga en un delfín rosado, siendo grabada por Sofía.

La anterior situación acelera toda la historia: los padres de Sofía y Camila buscan la expulsión de Valentina, mientras un tucán borra la grabación de Sofía. Como parte de sus investigaciones, Valentina y Julieta entran en una cabaña dejada en secreto por Marc Dubois; en tanto, Sofía y Camila las persiguen y encuentran el túnel secreto. Acto seguido, estas dos últimas estudiantes, tapan la entrada, mientras que sus padres buscan que expertos visiten el colegio, para desmontar y encontrar la piedra de Orión, descubierta en la segunda incursión por Valentina y Julieta. La piedra de Orión, junto con otras dos piedras, representarán una tríada de elementos para salvar a la tierra del colapso climático que se presentará prontamente, si no se unen estos tres elementos. Y es, en medio de ello, cuando Valentina empieza a adquirir más y plenos poderes...en fin…quiero dejar hasta ahí.
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Una narración apasionante
Esos “ejercicios de estilo” denominados antes a los libros de cuentos inaugurales de Sollirt, así como las tres novelas infantiles del plato de Samuel, es posible que le hayan servido como pasos seguros hacia la madurez narrativa en esta novela juvenil. Pero seguramente no, pues Sollirt se encuentra en plenas calidades creativas. Y ello se demuestra porque, todos esos elementos y situaciones enumeradas en el anterior párrafo, pretenden presentar de manera bruñida y dinámica la variedad de circunstancias, escenarios y movimientos que suceden en “Valentina Dubois y la piedra de Orión”, para ofrecernos un texto verdaderamente absorbente, cuya intriga comienza con la escena de Valentina subiendo al delfín rosado en el parque del colegio, lo que permite convocar las persecuciones que emprenden Sofía y Camila contra Valentina y su prima Julieta.
Sollirt recrea de manera eficiente una trama en la que Valentina cobra gran importancia por su rol de acicateadora del bien de la humanidad, mientras que para Sofía las relaciones con la naturaleza y los animales representan “trucos” de una “bruja” que es protegida por las profesoras y por las hermanas Remedios y sor María Helena, rectora del colegio. Los diálogos son ágiles y verosímiles, las acciones trepidantes revelan un manejo adecuado de la narración, bajo un lenguaje atractivo para los lectores juveniles, quienes observarán y se introducirán también en un mundo de choques y magia, de universos fantásticos, porque la piedra de Orión y las piedras encontradas por William y depositadas en un museo de Bogotá también ejercen sus propios movimientos y acciones para salvar a la tierra.
Agreguemos también la importancia que el autor da a los mitos indígenas arhuacos al introducir no solo al dios Serankua, el padre de la naturaleza, padre creador y espíritu ordenador del mundo, como eje salvador del libro, sino al entregar a sus lectores cómo se puede conjugar los aprendizajes humanos frente a los saberes y relaciones con los dioses de las propias culturas terrígenas, quienes pueden fungir como guías. Al introducir, sus ritos y sus prácticas, se abren puertas a nuevos conocimientos y nuevas preguntas sobre nuestra identidad.
Ahora, destaquemos desde el plano narrativo, que, como parte de esas acciones, los intereses entre aquellos que están a favor de salvar el mundo, contra aquellos que quieren fragmentarlo y servirse de este, por mor de sus propios beneficios, cobra un ritmo inusitado desde que Valentina y Julieta se proponen llevar la piedra de Orión a la Sierra Nevada de Sana Marta, luego de descubrir la relevancia y las conexiones de los kogui y los kankuamos con las demás piedras existentes. Se presenta, entonces, un constante ir y venir de una trama que nos mantiene en vilo, por su carga de intriga y situaciones atractivas, que no nospermiten despegarnos del libro. ¿Se salvará la tierra, merced a Valentina y su prima, frente a la presión de Sofía y Camila, y los intereses económicos de sus padres ambiciosos?
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El libro se encuentra bien escrito, con un excelente manejo de los eventos y ambientes narrados, de manera que nos pone a reflexionar sobre varias cosas: una de ellas: desde lo personal, adoptar la necesidad constante de preocuparse, en la medida de lo posible, por defender, desde nuestros propios aportes, al cuidado de la naturaleza, los parques, en fin, el medio ambiente. Lo segundo, para las personas y docentes, elaborar una comunicación fluida y un análisis donde todos seamos todos estudiantes en procura de salvar el futuro de la tierra, tomando la literatura como una de sus fuentes avisadas para ello. Otra: forjar consensos y conciencias entre los estudiantes, mediante estrategias colaborativas para fundar grupos de estudio y protección de nuestro hábitat.
Finalmente, en esa búsqueda de aquellos que rebuscan influencias (que las fuerzan innecesariamente), me pareció ver un leve guiño de Borges en la página 189, cuando Valentina tiene “una nueva oleada de visiones” que inundan su conciencia, y pareciera que leyéramos al autor argentino cuando indica que el personaje llamado 'Borges' ve el Aleph y halla una serie de irisadas imágenes que reflejan el universo. Por otra parte, sería necesario anotar que, para una próxima edición del libro, se tenga en cuenta corregir algunos signos que faltan o sobran, como también algunas repeticiones de términos.